re: dónde.

No lo puedo evitar, a veces tomo notas, hago párrafos y escribo libros mentales con inexplicable lucidez en momentos que para algunos son inexistentes, como las dos de la mañana, con el agua para los macarrones a punto de hervir, justo después de haber intentado escribir algo o en medio de una conversación sobre si las margaritas son amarillas o blancas.

Es de lo más inoportuno no tener un sitio donde vomitar estas notas, párrafos y libros mentales, pues me gustaría guardarlos para los momentos de no-lucidez, y me ayudaría a contestar preguntas y a responder cuestiones. Retórica o tangiblemente, siempre se nos quedan las palabras en la punta de la lengua y los gestos en las puntas de los dedos.

Pasear entre montañas de ideas amontonadas para disfrutar de las vidas posibles de un Don Nadie (en el mejor sentido de la palabra, no subestimes la nada), llegando al triumfo  cotidiano del sueño de una noche de verano.

Las ideas duermen en forma de mentiras que dijimos porque no supimos decir la verdad:
Falso, yo que sé.

Cuando ya no hay palabras que decir, es cuando empieza de verdad.

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