Juégatela, no te la juegues.

En mi corazón efervesce un bien-mal mejor que todo lo peor, se alimenta de mi tú y se traga las palabras en los besos de las mentes, la pasión gira mi espíritu haciendolo girar quieto. El sinsentido marca la dirección del objeto y del sujeto, el mal-bien me llena la boca de palabras y las regurgito infinito y ni las saco ni las pongo. Las.

Soñaron los demás con la vida y mataron la realidad de los sueños, propongo:

La comida es el hambre, el ansia la paz y lo muerto está vivo.

El ser es una invención del alma, como lo son los mandamientos, las cosas, los estándares morales y los pokémon. Ser libre no es ser libre. Definir la libertad es acotarla, maetémos a las matemáticas, juguemos a la vida.

Muramos.

Inventicémonos palabras, porque no existen, propongámonos proponer nada. Me declaro un caso perdido, si me buscas no me encuentras si me encuentras no me estabas buscando. Seredipía o tontería, tu renúncia no será tu obediencia, será tu libertinicidad.

 

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k-os.

Incluso en la arrogancia del órden, existe un magnífico y espléndido caos.

En estas tres dimensiones que viajan por este ordenado y paulatino tiempo, hay deformidades, hay momentos esporádicamente rápidos, lentos, fugaces y eternos.

La naturaleza, tan ordenada en esa tabla periódica numerada con un número detrás del otro, la cuadrícula para escribir, la habitación con la cama hecha, las coordenadas de donde estamos.
La naturaleza, tan caótica en este bosque con un árbol aquí, otro allá, la anarquía de las pecas de tu espalda, el dibujo con un ojo más grande que el otro, la habitación con la cama deshecha, lo mucho que sabemos donde estamos pero lo poco que nos encontramos.

Y es que lo que más me fascina es que el caos y el orden viven en una armonía que sin nosotros, no sería posible. Cada voz tiene su propia melodía, pero juntas forman una afinación, una consonancia armónica paradisíaca, y los humanos hemos llamado a este triángulo amoroso:

vida.